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Los años centrales del siglo XIX tienen especial relevancia
económica para el municipio, con la recreación del periodo a partir
de la figura de don Nicolás Salmerón y Alonso. Aquí nació
en 1837 Nicolás Salmerón, presidente de la Primera República
en 1873 que tras un homenaje a éste en 1931 por su vigésimo centenario,
se decidió unir al nombre de Alhama el de Salmerón por una decisión
unánime del pueblo.
El siglo XIX (últimas décadas 1870-1880) supuso un giro radical
en su economía, que modificó completamente la situación del
pueblo, propiciado en principio por el auge de la minería y más
tarde con la implantación del cultivo de la uva de Ohanes.

La pujanza económica propicia la aparición de una burguesía
agrícola y emprendedora que lleva a cabo proyectos como la construcción
del balneario de aguas medicinales, que podía considerarse como uno de
los mejores de España en esa época. La historia de Alhama ha corrido
paralela a la de sus aguas. En 1874, un grupo de alhameños crea la Sociedad
de Baños San Nicolás. Con anterioridad a estas fechas la Hermandad
de las Animas era la encargada de gestionar el servicio de baños. La primera
desamortización de Godoy iniciada en 1798 privó a esta Hermandad
del control de los baños, con la consiguiente perdida de beneficios. Este
hecho, junto a los nuevos alumbramientos de la llamada Fuente Nueva propició
la creación de la citada sociedad.
Su objetivo, un balneario moderno que se inauguraría en 1877, y que se
convierte en el gran centro de la vida social del pueblo.

La Guera Civil y la paulatina pérdida de sus aguas pusieron fin a este
emblemático establecimiento, que pasó a convertirse en Centro de
la Falange Española hasta su restauración, en los años 60,
por D. José Artés de Arcos, recuperando así uno de los establecimientos
que más justa fama dieron al pueblo.
Llegado el S.XX, tras la República y una vez superada la grave crisis producida
por la Guerra Civil se dieron las condiciones socioeconómicas necesarias
para que Alhama pudiese configurar su identidad y conseguir las características
singulares con las que ha llegado hasta nosotros. El cultivo del parral va consolidando
la aparición de una moderna burguesía que se ubica en la localidad,
dotándola de lujosas viviendas y servicios como el afamado Balneario de
San Nicolás. Aún hoy, podemos disfrutar de la visión de imágenes
de este pasado en casas como la de D. Nicolás Salmerón o en el café
"La Tertulia", que guardan parte del vetusto esplendor de la villa.
Sin embargo, esta expansión fue efímera.

La proclamación de la Segunda República en abril de 1931 permitió
que el pueblo materializase el deseo de contar en una de sus calles con el busto
de su hijo más ilustre, Nicolás Salmerón. El día 20
de septiembre del año 1931, Alhama se engalanó de fiesta. La segunda
República ofrecía un homenaje en el XXIII aniversario de su muerte
al insigne republicano. Un gran arco de triunfo con la inscripción de Alhama
la Seca saluda al Gobierno de la República recibía a las grandes
figuras de la vida política y literaria del país. Personalidades
de la talla de don Miguel de Unamuno, ministros de la República; doña
Victoria Kent, diputada en Cortes, entre otras grandes figuras colaboraron en
su presencia en tan entrañable acto, acompañando a doña Maria
Luisa Pérez Salmerón, nieta del homenajeado.

La contienda civil, entre otros males, trajo consigo la pérdida de unas
de las señas de identidad del pueblo: el republicanismo. El busto de Nicolás
Salmerón sufrió, de este modo, la falta de entendimiento entre sus
paisanos. Fue derribado de su pedestal y abandonado en el suelo del parque. La
estatua fue recogida y depositada en los sótanos del antiguo Juzgado de
Paz, donde permaneció casi 30 años. |